| NAVIDAD. ¿A QUÉ JUGAMOS? ¿QUÉ JUGUETES COMPRAMOS?
Mercè Sariol Díaz
Psicóloga clínica y Psicoterapeuta
Barcelona
El juego es necesario para la evolución de los niños. A través del juego el niño conoce, explora, aprende, ensaya, representa, expresa sus dificultades, las elabora. En definitiva, evoluciona y crece. Madura.
Por esto es tan importante que juegue, y eso lo saben muy bien los padres, los maestros, los psicólogos, los pediatras… De hecho, el que un niño no juegue es a menudo un motivo de consulta a un especialista, una preocupación que los padres, casi siempre tan buenos observadores, trasladan a su pediatra.
Los primeros meses: el lactante
El primer juego del niño, desde muy bebé, es muy sensorial y utiliza sobretodo su propio cuerpo. Observa sus manos, primero una, después aparece la otra, más adelante se juntan las dos en una línea media justo delante de su vista, más adelante hará lo mismo con sus pies. Ahora aparecen, ahora desaparecen ante la gran sorpresa del niño, que aún no los reconoce como formando parte de él.
A través del juego el niño conoce, explora, aprende y ensaya; también representa, expresa y elabora sus dificultades. En definitiva: evoluciona, crece y madura |
Más adelante hará lo mismo con su voz. Descubrirá el gran poder de sus sonidos: el llanto, los gritos, tienen una respuesta en sus padres o cuidadores. Irá dándose cuenta que puede emitir sonidos, balbuceos, sílabas y luego palabras que le permiten comunicarse y expresar sentimientos.
Cuando su motricidad está más evolucionada y su prensión le permite abrir y cerrar la mano a voluntad y llevarse objetos a la boca, le gustará jugar con objetos blandos, de un tamaño tal que pueda tomarlos con facilidad y que permitan ser explorados por la boca (por ello es importante que los materiales sean adecuados, no demasiado pequeños y que no ofrezcan peligros en su manipulación)
Los juguetes que emiten sonidos, que hacen música, que se mueven, así como los arrastres, son muy necesarios en estos momentos. El baño es un momento también muy adecuado para jugar con objetos preparados para este fin: cuentos de plástico, pelotas, patos, esponjas de colores, peces…
Los primeros años
A partir de los 2-3 años aparece el juego imitativo seguido muy rápidamente por el juego simbólico. Se le llama así porque a través del juego el niño recrea situaciones que le son conocidas o vividas y las representa ”a su manera”; con ello está reflejando y dando una idea de cómo vive y cómo entiende las situaciones que le son muy cercanas. Les gusta dar de comer a los muñecos, pasearlos, dormirles, jugar con una granja de animales, con un zoológico, un garaje, coches, o con personajes que representan figuras tan cercanas a ellos, los padres, hermanos, amigos, abuelos, maestros.
El juego simbólico es tanto más rico cuanto más habilidades lingüísticas posea el niño. Los disfraces les permiten combinar el juego simbólico con la fantasía (juego a ser otro porque en realidad soy otro) El lenguaje les permite recrear, hacer, hablar y relacionarse los distintos personajes de su juego. Por esto es tan importante a esa edad dotarlos de muñecos, coches, marionetas, animales, etc. También los juegos de encajes (piezas de montar, puzzles sencillos) son muy atractivos para ellos pues su psicomotricidad fina ya les confiere unas habilidades que les permiten construir y crear con cierta facilidad. Asimismo los lápices de colores, ceras, rotuladores, y cuadernos para pintar y dibujar son imprescindibles a esta edad.
Escolares y preescolares
En la edad preescolar y escolar aparece la necesidad de juegos compartidos, porque la capacidad de los niños para jugar en grupo es ya bastante evolucionada. Por ello es bueno que podamos proveerles con juegos que les permitan jugar y aprender en grupo. Las pelotas, las cuerdas, los juegos de mesa, las cartas, los muñecos, los juegos de construcción más difíciles, etc.
El interés por la lectura se inicia ya desde los primeros años y en casa: los cuentos y los libros deben estar siempre presentes entre los regalos a nuestros hijos |
A esta edad es muy importante también enseñarles juegos de equipo, iniciándolos en unas normas básicas que deben seguir. Si aprenden al lado de un adulto será siempre mucho más fácil. También hemos de saber que harán trampas y tolerarán muy mal el hecho de perder: no nos desanimemos ni les evitemos esta situación. Con la ayuda de los padres, poco a poco el niño irá aprendiendo a tolerar la frustración de no ganar siempre, de no ser siempre el primero, el único, el mejor… Pero esto lleva tiempo…y paciencia.
A partir de esta edad hay una serie de juguetes que son habituales en la mayoría de los niños de nuestra cultura: bicicletas, patinetes, patines, equipos de deporte, así como instrumentos musicales, tan atractivos para los niños (flauta, guitarra, instrumentos de percusión…).
Los adolescentes
En la adolescencia los hijos piden música, ropa o juegos de ordenador; muy a menudo prefieren dinero. Seamos prudentes con las cantidades. No nos dejemos impresionar por aquello de que “a los demás les dan mucho más” y hagamos uso de nuestro sentido común y nuestras posibilidades sin extralimitarnos. Es bueno que el adolescente sepa valorar el esfuerzo de los padres, sus posibilidades, su generosidad. Todo ello son valores muy necesarios en la sociedad actual.
Para todos
Los cuentos y los libros deben formar parte de los objetos que están cerca del niño, desde muy temprana edad. Con ellos aprenden palabras, observan imágenes, pintan, colorean. El tener la experiencia de un adulto, padre o madre que, a su lado, explica un cuento o sencillamente mira las imágenes con el niño, va comentando lo que miran y va llenando de lenguaje las observaciones según la edad, tiene un efecto muy positivo de acompañamiento, son momentos de una intimidad irrepetible que perdurarán a lo largo del tiempo. Y el interés por los libros y por la lectura se inicia ya desde estas primeras edades y en casa. No podemos esperar que sea la escuela quien lo estimule si antes, en casa, no se ha dado esta experiencia.
Criterios básicos
Ante estas fiestas de Navidad que se avecinan en las que estamos sometidos a una fiebre consumista, conviene tener en cuenta unos cuantos criterios básicos.
- Compraremos una cantidad prudente de juguetes, más bien pocos. Los niños no juegan mejor si tienen infinidad de juguetes, al contrario. Todos tenemos la experiencia del niño jugando con las cajas de cartón de los juguetes del día de Reyes.
- No hay juguetes de niños y de niñas. Todos y todas pueden y deben jugar con todos los juguetes que estén a su alcance. Es bueno romper los estereotipos y ofrecer juguetes que no estimulen roles muy predeterminados ni asustarnos porque nuestro hijo o hija nos pida un juguete habitualmente usado por alguien del sexo contrario.
- Acostumbremos a los niños a jugar acompañados. Primero con los padres, luego con hermanos si hay, o bien con otros niños. Respetemos sin embargo, momentos de juego individual (creativo, simbólico…) cuando el niño o niña los necesite.
- Ofrezcamos juguetes apropiados para su edad, que sean sencillos, que no tengan un alto valor económico.
- Escojamos juguetes que ofrezcan mayor cabida a la creatividad y personalidad de cada niño o niña. Evitemos juguetes en los que todo está hecho y el niño no puede crear ni inventar nada.
- Los niños son fácilmente vulnerables al bombardeo de estímulos que le ofrece la publicidad. Los padres deben hacer valer sus criterios sobre un objeto determinado.
- En la actualidad los niños piden juegos electrónicos (videojuegos, juegos de ordenador y otros) desde muy pequeños. Debemos ser prudentes y cuidadosos ante esta demanda. A menudo son juegos muy excitantes, cargados de estímulos, y también a veces con temáticas agresivas y violentas.
El tener al padre o madre contando un cuento o mirando las imágenes de un libro son para el hijo, momentos de una intimidad irrepetible que perdurarán a lo largo del tiempo |
Todavía no se conocen completamente las consecuencias que puedan tener en la infancia, pero ya se empiezan a observar conductas de dependencia y adicción en niños escolares, sobre todo en los que juegan solos y sin control alguno por parte de los padres. En todo caso es algo a vigilar y dosificar.
- Procuremos que el ordenador, los videojuegos o el televisor estén situado en una zona común del hogar (salón, comedor, cocina,) de este modo podremos compartir, comentar y valorar el tiempo dedicado. Evitemos que el niño utilice, solo y en su habitación, estos aparatos de modo descontrolado. En la adolescencia va a ser imposible acotarles y limitarles el tiempo destinado si desde pequeños se han acostumbrado a no tener límites.
- Si tenemos Internet en casa, es bueno que los padres sepan dónde puede acceder, le expliquen cómo hacer buen uso de un Chat o del Messenger, así como sus riesgos y peligros. Los padres deben evitar que el niño se pasee sin control por las autopistas de la red (no lo dejaríamos solo en medio de una encrucijada de carreteras ¿verdad?)
- Recordemos que los cuentos y los libros deben estar presentes siempre entre los regalos a nuestros hijos (y también a nosotros como adultos).
Mercè Sariol Díaz .
Psicóloga clínica y Psicoterapeuta.
Barcelona |